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Viernes

Hoy estaba citado para salir con la mujer, su sobrino que habla inglés y un conductor. Llegan con una hora de retraso por los tremendos atascos de la capital ya a las 7.30 de la mañana, y porque aquí no existe el reloj…..

El día ha amanecido lluvioso y frío. La estación de lluvias acaba de empezar y finaliza en septiembre. Salimos justo un poco antes que me vengan a recoger mi contacto “el vampiro emocional”.

Salimos de Addis y enfilamos rápidamente una autopista de pago que nos ahorra unas cuantas decenas de kilómetros. Esto es un lujo aquí, aunque es peligrosísimo. Salen animales por los arcenes y se cruzan, los camiones paran ocupando parte del arcén y del carril derecho, el pavimento en bastante buen estado y por poco más de un euro, esto es un lujo..

Salimos de la autovía y comenzamos el camino de verdad. Una carretera en buen estado que va cruzando pueblos selváticos, con muchos animales, y carros tirados por niños. Los arcenes completamente impracticables por el barro. Aquí cuando llueve, todo excepto la franja de asfalto, se convierte en un barrizal de proporciones bíblicas.

El paisaje es maravilloso, con algunos lagos y aves acuáticas mezclándose con hombres. Las casas son de adobe, muy pobres y básicas. La gente amable y discreta. Pobre, muy pobre. Los niños siempre corriendo, sonriendo, jugando. No he visto un mal gesto en ninguno de ellos. Sonríen a la más mínima oportunidad.

Devoramos un kilómetro tras otro y decidimos parar a comer en una especie de fonda de carretera. Todo muy precario aunque limpio. El trato humilde, amable y la comida exquisita. Pescado típico de la zona, arroz, verduras, una salsa roja picante y pan. Todos comemos del mismo plato. Que bonito coño……!!! Yo que como solo casi todos los días, no me molesta para nada mojar donde todos. Nadie come más que nadie. Hay un orden, un ritmo natural. Y suele sobrar siempre comida.

Tras el almuerzo el exquisito café etíope servido con una hierba en la taza. Sabroso, con cuerpo y un sabor espectacular.

Seguimos camino. El paisaje va pasando poco a poco a menos lluvioso, la carretera va empeorando, las casas son más pobres aún…..Veo hombres y mujeres con ropa hecha girones. Descalzos por la carretera. Niños felices, aunque delgados y mal vestidos. Todos descalzos. Juegan al fútbol en cualquier sitio, corren, ríen….Siempre lo mismo estos niños. Te atrapan con la mirada.

Acabo de ver unos tíos cavando una zanja en el arcén con picos de la prehistoria y de agua hasta la cintura. Y unos cuantos picando piedras. Sólo les faltaba las cadenas…..

Debre Zelt, Mojo, Ziway,Bulbula….

Llegamos a la patria de los Rastafarís, Shashemene. Por hechos históricos, personajes propios de esta tierra, hubo una propuesta de crear una república jamaicana en esta zona, por aquello de la liberación de los negros agrupados en territorio africano. Bob Marley simbolizó de alguna manera la descolonización africana y la vuelta a la tierra madre de todos los negros, y Etiopía la consideraban el centro de África, ya que llegaron a tener un rey negro y simbolizó la libertad. Por cierto, Etiopía nunca fue colonizada por ninguna potencia europea. Los italianos lo intentaron, pero fracasaron en el intento.

Pasamos Awassa, la mayor ciudad del sur y llegamos a Dilla. Una ciudad edificada en mitad de la selva literalmente. La cruza una carretera de asfalto interrumpida por zona terriza de manera caótica. De repente la carretera se corta, se convierte en una pista, a veces en un barrizal y luego sigue de nuevo el asfalto, y así continuamente.

La visión de todo es durísima. Miseria, gentes en harapos, mujeres transportando cargas de madera inhumanas, bolsas inmensas con hierba, mercancías, los omnipresentes bidones naranja de agua, niños con miradas ya muy duras subidos a carros precarios tirados por el sufrido burro de toda la vida, cabras por todos lados, caballos sueltos entre el tráfico, aguas fecales en cualquier lado, olores nauseabundos…..Un “fucking desastre” a nuestros ojos….

El hotel con un confort razonable y nos ponemos en contacto con el manager del orfanato por teléfono.

El tipo por lo que puedo escuchar en mis interlocutores, es un tirano. Puedo escuchar a través del teléfono como habla alto, fuerte con mi interlocutora, la cual con la simple expresión de los ojos noto su sumisión total.

El tipo sabe que tiene el control sobre el bien y el mal, sobre su orfanato. El es Dios allí. Nada puede entrar ni salir sin que él lo autorice. Parece una especie de emperador. Otro auténtico hijo de perra me temo….Veremos a ver…..Pero por el lenguaje no verbal de mis acompañantes, se nota que le temen. Aquí la gente habla poco. Se dedica a esperar la venia de cualquier persona que tiene poder. Sin protestar, sin insistir. Sólo, esperar…..Es lo que mejor se hace en este continente. Esperar….

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